Debido a que el objeto de estudio en este trabajo es el campo léxico de los mamíferos en la lengua bribri, y el modo en que los hablantes de esta lengua organizan y categorizan ese dominio, nuestra investigación se inscribe en el ámbito de la etnosemántica (Tyler, 1969:1-27). La etnosemántica se ha centrado de manera casi exclusiva en la semántica léxica; asimismo, el análisis componencial ha sido el método de análisis lingüístico más utilizado a partir de los años sesenta y setenta cuando surge esta disciplina.
Los etnosemantistas se dedican a recopilar términos de un determinado dominio semántico y analizarlos posteriormente por medio de rasgos distintivos, agrupando los términos de acuerdo con la presencia o ausencia de ciertos rasgos; el resultado es un paradigma.
Conviene señalar que la etnosemántica surge como disciplina en los años cincuenta y sesenta a partir de los trabajos de Lounsbury (1964); Goodenough (1956); Lounsbury (1956); Conklin (1962), cuando estos tres antropólogos norteamericanos se interesan por los modos en que las culturas indígenas clasifican y organizan los dominios del conocimiento. De acuerdo con Palmer (2000), mientras los lingüistas estructurales norteamericanos dejaron por algún tiempo de lado el estudio del significado, los antropólogos que escribían bajo la etiqueta de etnosemántica o etnociencia se abocaron al estudio del léxico de lenguas indígenas y especialmente al análisis de dominios o campos del significado organizados culturalmente; para ello utilizaban los métodos del análisis componencial y la clasificación taxonómica sobre la base de conjuntos de rasgos.
De esta manera, puede afirmarse que los primeros estudios sobre categorías indígenas de plantas, animales, espíritus y objetos surgen en el ámbito de la antropología norteamericana. El método empleado consistía en ordenar las categorías encontradas en disposiciones jerárquicas de clases que se incluían unas a otras de manera que, generalmente, una clase superior incluía a las demás subclases (Palmer, 2000). Los antropólogos veían en esta clasificación taxonómica un marco útil para el estudio de los vocabularios indígenas y por ello aplicaron el modelo taxonómico a muchos campos (Berlin et al., 1966:273-75, 1973:214-42, 1974; Black y Metzger, 1969:137-65; Brown, 1984:1-19; Conklin, 1964:189-92; Frake, 1961:113-32, 1962:28-42).
Asimismo, el análisis componencial fue desde el inicio la metodología empleada dentro de la trayectoria de los estudios sobre taxonomías biológicas folk y el estudio de los términos de parentesco. En ese sentido, de acuerdo con Berruto (1979), los análisis componenciales llevados a cabo por Lounsbury (1964); Lounsbury (1956) Goodenough (1956) y () propiciaron la aplicación de una metodología descriptiva al estudio y descripción del léxico de las lenguas.
Cabe señalar que Harold Conklin fue uno de los primeros antropólogos que estudió el problema de las taxonomías propias de las culturas indígenas, es decir, la clasificación de la realidad cognitiva y las categorías puestas en práctica por las culturas llamadas tradicionales para distinguir las unidades léxicas (Berlin, 1992). En The lexicographical treatment of folk taxonomies (Conklin, 1962) presenta una clasificación jerarquizada de un conjunto de términos y su análisis componencial; además, observa que la existencia de taxonomías vernáculas ordenadas jerárquicamente es probablemente universal y sugiere un modelo universal de clasificación de objetos, animales y plantas. La propuesta de Conklin propició en gran medida el desarrollo de la descripción etnobiológica fundamentada en una metodología explícita. A partir de Conklin se llevaron a cabo diversos estudios sobre taxonomías tradicionales; muchos de esos trabajos fueron posteriormente recogidos en Cognitive Anthropology por Stephen A. Tyler (1969) y en Language, Culture and Cognition: Anthropological Perspectives de Casson (1981).
En Costa Rica también se han llevado a cabo este tipo de estudios, entre otros tenemos: Análisis componencial de la terminología de parentesco bribri (Cervantes Gamboa, 1993:35-52), El campo léxico de la vivienda en el bribri de Coroma (Jara, 1986), Etnoornitología del cabécar de Ujarrás (Margery, 1984), Etnoentomología cabécar (Mundall, 2006), y Etnoornitología Guatusa (Pizarro, 1998).
El estudio de Margery (1984) analiza las formas que usan los cabécares de Ujarrás para clasificar su mundo ornitológico; este trabajo ha guiado gran parte de los estudios sobre biotaxonomías de lenguas indígenas de Costa Rica.
Margery (1984) concluye que la etnozoología cabécar presenta una estructura piramidal en el orden de mayor a menor inclusividad donde el taxón de mayor inclusividad, denominado por Berlin en la década del setenta unique beginner es la expresión hírö wak ‘animal’, y apunta para el caso del cabécar de Ujarrás:
El principio único comprende un conjunto de formas de vida mayores, de las cuales algunas taxas se manifiestan por morfemas radicales como v.gr., ni̱ma̱ ‘peces’, du, ‘aves’, tkabë ‘culebras’, hí̱ ‘gusanos’, en tanto que otras, al carecer de una rotulación de este tipo, son denotadas por expresiones que significan algún rasgo en común que comparten sus especies, tal como es el caso de los mamíferos silvestres no domésticos, que son designados por la expresión ká̱ bata wak monte + colectividad
Con respecto al plano paradigmático, Margery sugiere que si la forma mayor de vida du ‘aves’ presenta los rasgos comunes: [+pík ta̱ , +hú̱r ta̱, +pí ta̱ , +yökö ta̱ ], es decir, ‘tiene alas’ (pík ta̱ ); ‘vuela’ (hú̱r tã); ‘tiene sangre’ (pí ta̱) y ‘come’ (yökö ta̱), se diferencia de la forma de vida ká̱ bata wak, que agrupa a los mamíferos silvestres no domésticos, por los valores negativos de algunos de los rasgos; de manera provisoria Margery plantea que el grupo de los mamíferos silvestres no domésticos en el cabécar detentaría los siguientes rasgos comunes: [-pík ta̱, -hú̱r ta̱, +pí ta̱, +yökö ta̱ ], o sea, ‘no tiene alas’; ‘no vuela’; pero al igual que las aves ‘tiene sangre’ y ‘come’.
El mismo autor señala que en cabécar las distintas especies de murciélagos quedan incluidas en el universo ornitológico, al compartir los rasgos característicos de la forma mayor de vida du ‘aves’: [+pík ta̱, +hú̱r ta̱, +pí ta̱, +yökö ta̱ ], ‘tiene alas’, ‘vuela’, ‘tiene sangre’ y ‘come’.
Por otra parte, el trabajo de Mundall (2006) sobre el dominio semántico de la entomología cabécar plantea cuatro niveles de jerarquización: reino, formas mayores de vida, géneros y específicos. Mundall considera que la mayoría de los insectos se incluyen en la expresión bë́ wak y que esta expresión constituye una forma mayor de vida. Además, no indica la existencia de ningún taxón intermedio. Señala que la expresión bë́ wak, que traduce como ‘insecto’, aparece caracterizada por dos rasgos: [+ ká pí tá ] ‘no tiene sangre’ y [ká chichéi tá] ‘no tiene huesos’.
Finalmente, mientras emprendíamos el presente estudio, Rimolo (2007) llevaba a cabo un trabajo similar al nuestro, pero en el ámbito de la etnoornitología bribri: “Aplicación de los postulados de la teoría clasificatoria etnobiológica de Brent Berlin (1992) al universo ornitológico del bribri de Coroma”, que también viene a contribuir significativamente en el conocimiento de la etnociencia bribri.